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Lucila Valencia

El sueño de vestir a las niñas como princesas

Lucila Valencia es maestra de primaria y es costurera. Ahora que se jubile podrá cumplir sus sueños de confeccionar vestidos para niñas, gracias al apoyo financiero de MiCrédito. 
 

“Gracias a MiCrédito voy a cumplir mis sueños de hacer vestidos para niñas”, dijo en una reciente entrevista doña Lucila Valencia, una señora de 57 años de edad, quien nos recibió muy cortésmente en su casa ubicada en un barrio de León. 

La idea de hacer vestidos para niñas la tiene desde hace varios años, pero la ha postergado debido a sus responsabilidades como maestra de primaria, un oficio que dejará de ejercer por motivos de edad y de salud. 

Aprendió a confeccionar por necesidad, afirma. “Fue una alternativa de solución para comprar los medicamentos caros que requería mi hija Bertha luego de sufrir un accidente casero; quedó convulsionando y no teníamos para pagarlos, así que mi hijo Sergio me regaló la primera máquina de coser para que buscara cómo sacarle provecho”, resume sobre sus primeros pasos en el mundo de los hilos y las tijeras.

Al éxito de este emprendimiento fue fundamental el apoyo que obtuvo del colegio de monjas cuando le encomendaron hacer la ropa deportiva para los escolares. “Las madres (monjas) me dieron a hacer los buzos y pude obtener ingresos, los que me dieron para ir a México a tratar a mi hija”, refuerza. Luego de ese viaje y los tratamientos que su hija recibió en el país azteca, doña Lucila pudo volver a la normalidad y con su hija sana.

Según ella, llegó el momento de dedicarse de lleno a lo que más le encanta ahora: la costura. “He decidido jubilarme y poder cumplir mi sueño de hacer vestidos de niña”, expresa enfática. Sus planes son confeccionar los vestidos y promover su venta a través de las redes sociales.

Su entusiasmo se ha venido incrementando desde que comenzó a trabajar con MiCrédito hace seis años. Afirmó sentirse muy agradecida con MiCrédito, porque el préstamo que le dieron en días recientes los invirtió en la compra de telas e hilos, “y ya con la materia prima en manos, solo me faltaría sentarme y comenzar a producir”, comentó entre risas.